CAPÍTULO 2 ¿SIGRID DE THULE?
Nos encontramos en la recién ocupada Jaffa, el día 10 de septiembre de 1191. Al amanecer del día siguiente, 11 de septiembre, Trueno y Ricardo Plantagenet se despiden cordialmente. Y dos días más tarde, es decir, el 13 de septiembre, nuestros héroes llegan a Acre y toman posesión del bajel proporcionado por el inglés, cuyo nombre es "Albatros".
Primera porfía: el albatros es un ave marina de enorme envergadura -quizá el mayor de todas los animales voladores- e increíble capacidad de migración (algunas especies pueden desplazarse más de... ¡1.000 Km. diarios!) que vive primordialmente en los mares del sur (Océanos Atlántico, Índico y Pacífico Sur) si bien se dan especies en el Pacífico norte, entre las costas nororientales de Asia y las de la Norteamérica templada y fría. ¿Cómo podía entonces el Rey Ricardo conocer la existencia de esta ave marina? Los occidentales no conocían el África Austral, ni Australia, ni Sudamérica... En los mares del subcontinente indio y en Indochina parece que no se dan...
¿Es un desliz del guionista? Probablemente, pero... ¿y si resulta que en aquella época existieron estos pájaros en los mares de Persia, la India y Malasia, y ya han quedado extinguidas? Tampoco es probable, ya que entonces la contaminación medioambiental no amenazaba ni mucho menos a toda esta clase de especies, las cuales, además, acostumbran a anidar en islas remotas, empleando de por vida el mismo nido...

Empero entonces, si se diera aquel caso, los pilotos orientales que comerciarían entre Malaca y el Golfo Pérsico o el Mar Rojo podían conocerlas. De ahí, pasaríamos a hablar de la estrecha y forzada convivencia en Palestina entre culturas muy distintas -cristianos, judíos y musulmanes- deduciéndose que, derivados de esos contactos, provendrían determinados conocimientos ignotos por aquel entonces en la "atrasada" cultura europea del occidente.
Si además, añadiéramos los intercambios culturales avanzados o de tipo místicos producidos entre determinadas órdenes militares -entre las que se encuentran los famosos Templarios- y las sectas orientales, podemos arriesgarnos a conceder el beneficio de la duda de que, en su corta estancia en Tierra Santa, el Rey Ricardo hubiese oído hablar del albatros.
Y es que en el transcurso de las aventuras de El Capitán Trueno se van a tocar temas que no solamente ponen a prueba la credulidad del lector, sino que incluso van algo más allá. Pero paciencia... Todo a su tiempo. Y además, como soñar e imaginar es gratis... ¿por qué no hacer un esfuerzo?
Nuestros amigos, como buenos capitanes y comandantes de su destacamento, pernoctarán en el barco, dejando a su tripulación descansar en tierra (la verdad es que no entiendo en absoluto el porqué, pero me esforzaré en averiguarlo...) Y esa misma noche, alguien que ha visto con ojos ambiciosos el precioso cáliz, encarga un trabajito a Al-Kathara, hampón de Acre: eliminar a nuestros héroes para hacerse con él.
Los hombres del mafioso asaltan el barco; uno de ellos apuñala sin remedio al Capitán. Afortunadamente, nuestro héroe tiene la costumbre de dormir con la incómoda cota de malla puesta, y el puñal del matón salta hecho pedazos...
Este es su estilo y la cadencia se hace muy interesante, sobre todo cuando nos hablan de nuestro entrañable "Capi" y su entorno. El resto en el lugar que le corresponde, para eso se lo está currando y de lo lindo, francamente es un gusto del que no deseo prescindir, por eso os lo recomiendo.